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A Juan Luis Marín, la ilusión de Los Mamelucos

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11 agosto, 2020

Juan Luis Marín coge el teléfono. Dentro de una hora tiene una reunión, pero dice que no hay ningún inconveniente en hacer la entrevista ahora. Está en el local de ensayo y busca un lugar donde estar cómodo y sin ruidos. Ríe y transmite cercanía a pesar de los kilómetros de distancia, pensando en que este es un bache más de los que se enfrenta en su vida, después de un trasplante y miles de horas sobre un escenario, parece que el coronavirus no le quitará, ni de lejos, la ilusión que descansa segura en su voz. El pasado 23 de julio Marín, vicepresidente de la Murga Los Mamelucos – Asociación Cultural Músico Festivo Mamel’s falleció y, desde EL CARNAL, damos nuestro pésame a toda la comunidad y a su familia con la que fue su última entrevista. Ahora ya estará leyendo los comentarios de las redes sociales, los comunicados y estas líneas desde otro lugar, un sitio tranquilo en el que mira con orgullo a sus Mamelucos después de haber estado a lo largo de 39 años entre sus filas.

Cumplieron el 40 aniversario y ahora se viene encima una pandemia mundial. ¿Cómo se enfrentaron a tal situación, Marín? «Yo, que llevo 39 años, nunca pensé que llegaríamos a los 40 porque, primero, es difícil viajar tanto en el tiempo y también lo es decir que vas a seguir en la jungla cuando hay cuestiones por las que debas dejar la agrupación. En mi caso no es así. Sigo. Estoy hasta trasplantado de un riñón, en el 2013, y estas cosas nunca se imaginan dónde va a llegar y lo que te puede esperar detrás. Este año teníamos un gasto bastante fuerte en costos del disfraz, pero no nos importó meternos más caña y sacar un traje con Josué, el compañero de Las Palmas, que ha sido uno de los más bonitos de la murga en toda su trayectoria».

«No vas a perder la ilusión en que pueda haber un carnaval dentro de una normalidad»


Ha habido muchas críticas este año en el Carnaval de Santa Cruz debido a la gestión, tanto durante la calima como a la organización del evento, ¿cómo lo valoran a posteriori? «Nosotros fuimos con la misma ilusión que otros años, y no la hemos perdido. Tampoco hemos perdido la cabeza, en el sentido de que es un año complicado. Hay que pensar en la seguridad de los componentes y del Carnaval. No hay que perder el sentido de las cosas, pero por ello no vas a perder la ilusión en que pueda haber un carnaval dentro de una normalidad. En relación con lo que sucede ahora, recuerdo que antes de confinarnos teníamos que viajar a Fuerteventura, y parece que la gente se olvida, y oyes decir que tendrían que haberlo hecho de otra manera, aunque todo el mundo pensó que el virus estaba lejos, tal vez en la Península, si acaso en el hombre que había en La Gomera… Y nosotros pensando en el carnaval de allá, con un viaje, un dinerito a ganar, y claro, esa era la expectativa. Recuerdo, por ejemplo, el viernes de esa semana estaban terminando los trabajos del escenario del encuentro de murgas de La Candelaria, y esa misma noche, antes del concurso del sábado, el Gobierno de Canarias anula esa acción. No podemos tener la memoria de un mosquito».

Fue como un jarro de agua fría. «Así es. Nos invitaron a Fuerteventura y recuerdo que hasta la concejala nos decía que siendo cuatro murgas no iba a haber mucha gente. Nos daban una expectativa muy halagüeña. Estábamos en confinamiento y las cosas estaban cambiando muy rápido, estabas esperando a que te dieran una noticia nueva. Así que, ahora, las cosas van con su lentitud y vas viendo que hay nuevos confinamientos… A la larga, sí puede haber mejoría, pero en corto plazo veo que no. Las cosas no son peores ni mejores, pero con el tiempo iremos ganando espacio a este virus. La ilusión no la hemos perdido, tampoco la cabeza. La murga está concienciada».

Ante la actual situación, ¿cuál es el diseño del plan de actuación de las murgas? «No estuve en las reuniones, pero tengo una idea del tema. Es como una desescalada. Hubo momentos en que se decía: si llegamos a septiembre, y la gente no puede estar junta para ensayar —hay grupos que no tienen locales lo suficientemente grandes—, pues habrá que pensar en los próximos meses. Por lo tanto, si pasaran muchos, tendríamos que acortar el repertorio musical, en donde hacíamos cuatro temas serían dos, los cuales podrían hacerse a mes por canción. La cuestión es que no pueden subir al escenario 80 personas a concursar. Entonces, si llegas tan lejos y se limita de esta manera, se había pensado que en el primer tema cante la mitad manteniendo las distancias, con bolsas en los micros, limpieza entre medias, y en el segundo tema la otra parte. Incluso, una de las fechas habladas es de posponer el carnaval y que haya de por medio una semana para que la siguiente sea Semana Santa. Hablaron de junio, pero eso es una locura porque la gente no está para eso. En el verano no te metes en carnaval».

«Lo lógico es que si entra una nueva corporación, no haya un hachazo completo a lo que hayan decidido los grupos»


[En el momento de la entrevista acababa de producirse la moción de censura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife]. Con la moción presentada, ¿temen que alguna de las medidas adoptadas con el anterior gobierno se rechacen? «Presuponía que me lo ibas a preguntar [risas]. Lo lógico es que si entra una nueva corporación, no haya un hachazo completo a lo que hayan decidido los grupos con respecto a la anterior.  Sería un camino desandado y un error por parte del Ayuntamiento hacer esto. Va a haber cambios, eso está clarísimo, y en cuanto a la disposición del Consistorio que venga detrás la desconocemos. Es algo que a mí me tiene bastante preocupado. Por ejemplo, mi presidente, Manolo Peña, ha estado continuamente centrado en ello y la ocupación es completa en el último mes con esta historia. Llega un momento en el que te desborda, te desinfla, y eso que no me estaba tocando el tema de lleno, y cuando nos enteramos de la moción te desanimas en ese sentido: ¿y ahora? Esperamos que, objetivamente, el que venga comprenda que es una decisión que no ha sido presionada por la anterior alcaldía y ha sido tomada por los grupos. No creo que se desvíen de esa toma de posiciones, porque de la misma manera que nosotros ayudamos en la medida que podemos, y hay desacuerdos por supuesto, es de las pocas veces que las murgas —no es que estemos desunidas sino que somos muy independientes—, nos hemos unido para tomar unas decisiones en pleno conjunto.

En Las Palmas de Gran Canaria están mirando cancelación, posponer, o adelantar, así que por lo que me está diciendo, prefieren adaptar antes que un posible atraso a verano. «Sí, adaptar. Más que un concurso, una exhibición con unas cuantas canciones, que uno no se vuelva muy loco. Tener un repertorio corto para poder cantar todos, ya que no vamos a tener la oportunidad de ensayar. Cuando te tienes que adaptar, con mascarillas y demás, es una locura, y cuando cantas es como si chillaras, y la presión que ejerces en la mascarilla no es la misma por lo que hay que incrementar la distancia, y esto genera más problemas. No sabemos hasta qué punto podemos llegar. Todo está en verde. Pero la ilusión no se pierde. Que hay gente que dice qué hacen las murgas pensando en carnavales con los problemas que hay. Lo sé. Yo tengo esos mismos problemas como cualquier otra persona. ¿Por qué voy a perder la ilusión que tengo todos los años de presentarme a un concurso? Si llega la fecha, y no se puede, no pasa nada. Me ha pasado, cuando una noche a las once me llaman mientras estoy ensayando y me dicen, mira, un número largo, vuelvo a llamar, me lo cogieron, y me dicen que era un trasplante. Me quedé sin carnaval, pero tengo un riñón trasplantado. Eso quién me lo iba a decir. Son este tipo de cosas que, a veces pienso, que la gente no estamos para los acontecimientos repentinos, por eso a veces somos egoístas.

La vida hay que ir toreándola como venga. «Yo no voy a perder el tino, sabiendo que tengo que llevar una mascarilla en el bolso y más que soy de riesgo, o el otro día que voy al supermercado y que me había olvidado ponérmela distraído al un señor estarme pidiendo una latita de comida para cuando saliera… Con esto te quiero decir que tenemos que adaptarnos a lo que vaya ocurriendo. No podemos pensar nunca lo que vamos o tenemos que hacer en concreto porque las cosas te hacen cambiar en cualquier momento».

«Todo el mundo hace su economía en base a sus posibilidades reales»


En cuanto a las contrataciones, ¿teme que peligren? «Nosotros vivimos de ello y de las otras contrataciones en distintos pueblos, que te pagan por esa actuación. La cuota de nosotros, más la subvención del Ayuntamiento, junto con los premios —si ganas un primero, sabes que todos los pueblos quieren tenerte—. Contamos con las contrataciones que tenemos fijas. Por ejemplo, sabemos que vamos a la cabalgata de los Cristianos, que nos va a llamar Valle de Guerra u otros barrios, y los contratos de las asociaciones que, aunque no tuviéramos premio, contaban con nosotros. No nos vamos a ir a otro pueblo que nos dé más dinero, vamos a intentar que cambien el día del carnaval para ir a esa actuación, ya que siempre estuvieron con nosotros en los momentos malos. Todo el mundo hace su economía en base a sus posibilidades reales. Tenemos nuestras deudas, pero como somos una murga vieja dedicamos cierto tiempo a saber cómo economizar para que se pague lo antes posible».

Durante el confinamiento se unieron a los mensajes de ánimo, a la actividad que se iba fraguando, ¿cómo se vivió dentro de la murga? «No participé en ninguna de estas acciones. No porque no me dejaran, sino que me era complicado. Siempre hubo un grupo de gente que participó, pues muy bien por lo que me dicen los chicos, lo colgamos en nuestra página y tuvo una gran acogida. Tampoco puedes llenar de contenido las redes porque todo el mundo estaba participando, pero sí se hicieron algunas cosas y nos mantuvo cohesionados. Hay detalles que no se ven ni salen. Nosotros llevamos reuniones desde que nos desconfinaron, con un diseñador de la rondalla, y luego otra a las ocho de la noche con un rollo de trompeta. No hemos parado. Esto es una maquinaria en la que, si dejas de trabajar de cara al exterior las murgas no están haciendo nada, ¡mentira! La directiva, componentes, colaboradores, gente del taller, buscando nuevos miembros, una cantidad de reuniones, los letristas ya se están moviendo, el director musical busca canciones… Parece que no, pero es un trabajo inmenso.

«No hay espacio para una comparsa, ¡esto en carnavales es una casa de locos!»


A nivel de la asociación, tienen rondalla, murga infantil, adulta, canción de la risa. ¿Podría comentarme las ventajas y los inconvenientes de hacerse asociación? «Ventajas, ventajas, no hay [risas]. Aquí, primero fue la infantil y, si nosotros cumplimos cuarenta, ellos cumplieron 41. Los directores arrancaron con ella y al año siguiente hicieron Mamelucos. Son cosas que ni las piensas, ocurren. Empezaron a ensayar en el local de Cobasa, luego hay quien tiene una casa vieja en el Barrio de la Salud. En el 85, más o menos, nos dan la Casa del Miedo, la planta baja y el patio, lo demás estaba en ruinas. Unos años antes del 2012 hay una subvención de la Unión Europea para restaurar las casas antiguas de Santa Cruz, y nos vemos obligados durante la restauración a ir a la casa de un compañero. Tenemos un gran privilegio de tener una casa de las dimensiones que tenemos. Después de 40 años la gente se va haciendo mayor, se van, nos dicen, y por qué no hacen una rondalla, la Habana Vieja, antes se hizo cosas de folklore, también La Canción de la Risa con No tengo el chichi para farolillos… Entonces, tenemos unos grupos premiados, donde hay calidad, que hacen que tengamos un prestigio alto dentro del carnaval».

¿Se plantean incluir una comparsa? «Buf. El problema no es la comparsa, sino el espacio. Le tendríamos que dedicar un grupo de colaboradores que se encarguen de ello, y a la directiva le es imposible. La sociedad tiene apuntado un grupo, para tener el nombre registrado, llamado Los Carcamales. Serían componentes de la rondalla, la canción de la risa y demás, que siendo mayores lo fueran integrando. Ha habido intenciones, pero se nos hace complicadísimo, ya que teniendo un gran local, imagínate en carnavales con cuatro grupos con 60 niños en la murga infantil, la rondalla con 40 o 50, la murga adulta rozando los ciento y algo, el Chichi que el máximo son 15… No hay espacio [en la Casa del Miedo], y ya no solo eso, sino que el ruido que ocasione cada agrupación, la rondalla, por ejemplo, se vería desbordada con una batucada de comparsa. ¡Esto en carnavales es una casa de locos!

Y en cuanto a usted, Marín, ¿cómo recuerda los inicios? «Yo vengo de Los Lengua, una murga que salió después de Los Lengüines, y soy de un padre rondallero, era fundador del Tronco Verde, cantó en la Coral de Santa Cruz de Tenerife… Estuve tres años en el otro grupo, vi a los mamelucos y me gustaron, me metí, empecé a colaborar pintando a la gente, vendiendo los libretos, y 39 años ya, que se dice fácil. La trayectoria es larga, contento de estar en la murga y ahora tener la vicepresidencia, voy a ayudar y aportar todo lo que yo pueda, ese es mi objetivo, siempre aportar mi granito de arena, ilusión siempre. Digo que soy nuevo todos los años en ilusión, tengo la ilusión como los nuevos en aportar algo; sí, yo llevo tiempo, y todo el mundo me protege, pero eso puedes hacerlo un año por problemas, pero no puedes vivir del cuento, siempre tienes que aportar algo. Ahora porque estoy donde estoy, pero soy uno más».

Juan Luis Marín, vicepresidente de Los Mamelucos. Foto: Francis Arnay

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Sección dedicada al análisis y a la investigación del Carnaval de Canarias.
Autor: Nicolás De La Barreda.

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