Reinas

Fotografía: Cedida por Jorge González Santana

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De dónde venimos y hacia dónde vamos

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1 diciembre, 2019

Las primeras citas de la celebración de las fiestas del Carnaval, en la isla de Tenerife, las fijan algunos historiadores en el siglo XVIII. Desde aquellos primeros bailes privados de las clases pudientes y las fiestas de carácter bullicioso de las clases populares, según lo dejaron escrito los cronistas de la época, la historia ha ido evolucionando en constate cambio. Después de tantos años se hace necesaria una pregunta: ¿hacia dónde queremos ir?

El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife comenzó a manifestar un auge allá por las primeras décadas del siglo pasado. Comenzó a elegirse a la Reina del Carnaval y fue Onagra Lorenzo, en 1935, la que se subió al trono por primera vez, según los datos que han trascendido hasta nuestros días (aunque existen algunas referencias sobre las denominadas «ramillete» de bellezas del Carnaval que datan de fechas anteriores).

La Guerra Civil Española y la posterior etapa de dictadura obligaron a los fieles de la fiesta a replegarse de las calles y manifestar su fervor carnavalero en lugares privados. A pesar de la represión, esta fue la época de máxima agudización del ingenio, en el que las murgas contaban las cosas sin decirlas y los chicharreros concibieron un nuevo término para referirse a ella, llamándola Fiestas de Invierno para poder así seguir disfrutando de ella cada mes de febrero. Nuestros padres y abuelos, con gran esfuerzo e inteligencia, consiguieron hacer perdurar una fiesta que ningún poder gubernamental iba a conseguir desbancar.

Superación en cada edición


Los años fueron pasando y cada edición aspiraba siempre a superar a la anterior. Los disfraces cada vez más elaborados, las Reinas del Carnaval con vestidos que aumentaban en espectacularidad y los recintos del Carnaval se hacían cada vez más pequeños. El Teatro Guimerá acogió los primeros años de la fiesta para la celebración de sus concursos hasta que, en el año 1984, con el reinado de Lucía Luisa Ramos Vaquero, los organizadores vieron que aquello ya se quedaba pequeño. El Carnaval dio el salto a la Plaza de Toros y, allí, se celebró hasta 1990. Durante esos 6 años, las carnestolendas ya empezaban a apuntar que se convertirían en una de las grandes fiestas del continente. Y llegó el momento de soñar a lo grande y, para ello, estaba la Plaza de España esperando con los brazos abiertos la llegada de lo que para muchos son los mejores Carnavales del Mundo. Fue, en 1991, de la mano del maestro Chicho Ibáñez Serrador, creador del escenario de ese año, cuando,bajo la temática de Egipto, el Carnaval se hizo grande.

Celia, la gran Celia Cruz


Durante la década de los noventa y hasta el año 2005, la Plaza de España de la capital tinerfeña fue testigo de los acontecimientos más bellos que se recuerdan en nuestro Carnaval. Allí, logramos un Récord Guinness con la gran Celia Cruz, soñamos con tocar el cielo con los escenarios más espectaculares que habíamos visto en esta Isla, los grupos bailaban y cantaban con más ilusión que nunca y nuestras Reinas llegaron a su máxima expresión y esplendor. Muchos recuerdos imborrables se quedaron grabados en la memoria de cuantos solo con oír el pito de una murga o el resonar de una batucada, a lo lejos, se eriza la piel.

Y después de todo aquello y durante estas últimas décadas, en las que largo hemos debatido y modificado diversos temas para adaptarlos a las nuevas circunstancias y necesidades, tal vez, sea necesario hacernos algunas preguntas. Una muy breve pincelada de un siglo de historia para contextualizar este párrafo nos sirve para reflexionar sobre qué rumbo debemos o queremos coger en el futuro. El Carnaval siempre fue la fiesta del pueblo, y jamás deberá perder esa esencia que le dio la vida, pero de manera irremediable se ha ido, poco a poco, profesionalizando. Prueba de ello lo tenemos, por ejemplo, en el nacimiento en estos días de un nuevo medio especializado en el que se publican estas líneas y al que quisiera darle mis más sinceros deseos de éxito en un camino que empieza ahora, pero seguro que será largo y emocionante. La ilusión que se convirtió en profesión.

Un futuro de cambios


Estamos abocados inevitablemente a cuestionarnos si queremos ser ambiciosos con nuestra fiesta y llevarla un escalón más arriba o, por el contrario, preferimos ser más conservadores en nuestras aspiraciones. El Carnaval ha trascendido muchas fronteras estas últimas décadas y, como bien dice el dicho,»la imagen lo es todo». Subir un escalón más arriba en la producción a todos los niveles de nuestra fiesta (escenarios, marcas, organización de concursos…) debería ser un punto a estudiar de manera concienzuda. Nos hemos convertido, tal vez sin quererlo, en un fenómeno de masas y eso conlleva ser conscientes de la imagen que proyectamos en todos los momentos. Esto no es un trabajo sólo de quien produce y organiza el Carnaval, sino una labor de todos los que componemos y construimos nuestra fiesta, como lo ha sido siempre. ¿Sabemos a dónde queremos ir?

Un artículo de: Jorge González Santana

Fotografías: Adtemexi, Guillermo Pozuelo; Judit, Enrique Martín y Carmen Laura, Álvaro Armas.

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Sección dedicada al análisis y a la investigación del Carnaval de Canarias.
Autor: Nicolás De La Barreda.

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