ESPECIALES Sin previsión no hay futuro

El Carnaval se reinventó cuando la Dictadura intentó erradicarlo

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4 mayo, 2020

El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife es uno de los más famosos del mundo junto a Río de Janeiro o Venecia, pero su origen se remonta al siglo XV. No existe, de momento, ningún consenso sobre el origen del término “carnaval”, pero los expertos coinciden en definir los festejos como una fiesta pagana previa al cristianismo. En nuestro caso, se trata de una celebración que ha sido capaz de sobrevivir a numerosos intentos de erradicación y censura.



El Carnaval de Tenerife fue convirtiéndose, poco a poco, en un atractivo para el turismo que comenzó a interesarse por los actos durante el siglo XX. El auge de la festividad impulsó, en 1925, la creación del primer programa de las Fiestas del Carnaval, elaborado por el consistorio de la capital tinerfeña. Durante este periodo, y como consecuencia del desarrollo de los festejos, aparecieron las primeras murgas, rondallas y comparsas que desarrollaron el diseño y confección de elaborados disfraces. Una fiesta nacida por y para el pueblo chicharrero, inclusiva y concebida para el disfrute de cualquier clase social.

La dictadura


Poco después, el Carnaval chicharrero atraviesa uno de sus momentos cumbre, el transcurso de la dictadura franquista. La censura del régimen provocó la desaparición de los festejos durante años, hasta que, en 1961, se retoma su celebración bajo el nombre de “Fiestas de Invierno”. Poco después, en 1967, el Carnaval de Tenerife recibe la distinción de Fiesta de Interés Turístico Nacional, para posteriormente, en 1980, y ya rebautizado como Carnaval, recibir el reconocimiento internacional.

Además, desde 1987 aparece también en el libro récord de los Guinness por la celebración del concierto al aire libre de Celia Cruz, en el que se dieron cita más de 200.000 personas. Dicho hito fue superado en 2019 durante el concierto del dominicano Juan Luis Guerra que logró congregar a más de 400.000 personas.



La rebelión del pueblo chicharrero


A pesar de que el uso de máscaras y caretas estuvo prohibido durante la dictadura, los chicharreros continuaron tapando sus rostros con abanadores o pintándose con un corcho quemados. Además, los bailes continuaron celebrándose, de forma clandestina, en las sociedades privadas de la época como el Círculo de Amistad XII de Enero, al tiempo que algunas mascaritas vagaban por las calles de la capital en señal de desafío a la autoridad.



La fiesta en las calles duraba tres días: domingo, lunes y martes de carnaval. Actualmente, dura casi una semana, aunque el ambiente festivo se percibe desde el comienzo de los tradicionales concursos de murgas, comparsas, rondallas, agrupaciones y que finalizan con la elección de la Reina de las fiestas. El Carnaval de Santa Cruz es, además, el encargado de dar el pistoletazo de salida al resto de municipios. Tras la quema y entierro del “chicharro” en la capital, se sucede la celebración de numerosos carnavales a lo largo de toda la isla. Se trata, por tanto, de una festividad que se alarga durante varios meses.

Cartelería de las Fiestas de Invierno


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La evolución de los concursos y cabalgatas, la vistosidad y reconocimiento del que gozan sus disfraces, el esfuerzo y pasión de los componentes y la identidad de los festejos en la calle; han convertido a la fiesta chicharrera en el segundo mejor carnaval del mundo, solo por detrás de Río de Janeiro

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Sección dedicada al análisis y a la investigación del Carnaval de Canarias.
Autor: Nicolás De La Barreda.

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