Un grupo de Gilles desfilando por el casco histórico de la ciudad. Fotografía: El Carnal.

Carnaval 2021

Medievo y Carnaval se dan cita cada año en Binches

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12 abril, 2020

Cada año, y durante 3 días, se celebra en la localidad de Binches– una ciudad medieval situada al sur de Bruselas, en la provincia belga de Hainaut– un Carnaval cuyos orígenes se remontan a la Edad Media.  Reconocido como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO en 2003, el Carnaval de Binche es el más famoso de todos los que se celebran en Bélgica y es una de las celebraciones más antiguas que sobreviven en Europa.

Las carnestolendas dan el pistoletazo de salida el domingo, pero el Mardi Grass (Martes de Carnaval) es el día más esperado. Desde primera hora de la mañana, y hasta bien entrada la noche, cientos de locales disfrazados de Gilles inundan de color y alboroto las calles de la ciudad. Este Carnaval es también conocido por la devoción y amor que demuestran los casi 32.000 habitantes de la ciudad que mantienen serias restricciones con el fin de preservar las técnicas de confección de los trajes y el folklore tradicional.


Un grupo de Mam´selles, otros de los colectivos protagonistas de la fiesta.


Los Gilles


El principal atractivo del Carnaval de Binche son sus autóctonos protagonistas: los Gilles. Ataviados con blusas blancas, pantalones decorados con estrellas, coronas y leones;  suecos de madera y unas imponentes máscaras de cera con gafas y bigote, bailan por las calles de la ciudad al ritmo de los tambores mientras lanzan naranjas al público para celebrar la proximidad de la primavera. A pesar de lo llamativo de sus vestuarios, el motivo de su peculiaridad reside en los estrictos requisitos que debe cumplir un hombre para poder desfilar en el Mardi Grass. 

Solo pueden convertirse en Gilles aquellos hombres naturales o residentes – durante los últimos cinco años– en Binche, es decir, un binchois. Además, dos integrantes de su asociación de Gilles que hayan desfilado durante los últimos cinco años deben avalarlo como un buen candidato a participar en la celebración. En ningún caso, estará permitido que ningún caballero participe si en los últimos diez años ha desfilado como Gille en cualquier otro carnaval.



En los bailes diurnos se colocan una máscara de cera, con unas gafas verdes y un llamativo bigote. En cambio, cuando comienza a caer el sol y, durante el lanzamiento de naranjas, se cubren con unos enormes sombreros de plumas de avestruz. El origen de estos personajes se asocia históricamente a una fiesta de disfraces organizada en 1549 por María de Hungría en honor a la visita de su hermano Carlos V, en la que a los invitados disfrazados de incas peruanos se les denominaba ‘gils’.

El papel de la mujer en la celebración


Las mujeres no pueden desfilar como Gilles, pero su función es imprescindible a la hora de conservar el carácter propio de la celebración. Son las encargadas de inculcar a las nuevas generaciones el valor de las costumbres, bailes y reglas del Carnaval belga.


Un grupo de Gilles desfilando por las calles de la ciudad. Fotografía: El Carnal


Aunque sin duda, la gran peculiaridad de esta celebración es que el traje de Gille no vuelve a casa de ninguno de los intérpretes: los Gilles deben alquilar cada año la vestimenta ya que está prohibido tener uno propio. Del mismo modo, y teniendo en cuenta el arraigo del traje con la localidad, sacarlo de la ciudad es considerado delito. Tal y como señala uno de los dichos más populares de Binche: “¡Un Gilles nunca se va!”.

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Sección dedicada al análisis y a la investigación del Carnaval de Canarias.
Autor: Nicolás De La Barreda.

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