Afilarmónica Ni Fú – Ni Fa (Tenerife, 2006)

El Carnaval habla

Trotamurgas

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11 enero, 2020

Doce años en la murga infantil Los Bambas – nueve en calidad de componente, dos como director y uno de letrista y ayudante- y tres años en la agrupación musical Salsabor me avalan para decir que pertenecer a un grupo carnavalesco es mucho más que eso. Se trata de un sentimiento de pertenencia que hace que los compañeros y el logo que acompaña al nombre de tu grupo se conviertan en una familia para ti, un lugar en el que ser y sentirte parte.

“Trotamurgas” es un concepto ideado en una de esas tardes de ensayo en el salón junto con un grupo de amigas murgueras con las que compartía tarima y vida. Este se refiere a aquellas personas que a lo largo de su trayectoria en el Carnaval van saltando de una murga a otra sin ninguna dificultad y con el único objetivo de conseguir ganar un premio.

Si nos ponemos un poco historiadores, este tipo de “murgueros” nacen a finales de la década del 2000 (aunque ya existían antes pero en menor medida) y empiezan a ser recurrentes a partir del 2010. También llamados chaqueteros o vendidos, se “venden” al mejor postor y si un año forman parte y son forofos de Las Burlonas, al año siguiente quizás son más Triquikonas que nadie. Estos “murgueros” suelen caracterizarse además por ser los principales compradores de merchandising de su murga, y no fallan suéter, camiseta, gorra, pegatinas, pulsera, bufanda y demás armamento en el que aparezca el payaso. La idea es que se sepa que estamos ahí y que todo el mundo lo vea, ya el año que viene se verá a qué otra se va.

El valor de pertenecer a una formación


Dejando las bromas a un lado y volviendo al tema central, considero necesario reconocer que este tipo de personas son las que han corrompido el concurso y por lo tanto, las que han hecho que las murgas “pequeñas” o con menor número de componentes se vean obligadas a cerrar sus puertas.

El sentimiento se crea, se tiene dentro, y el gran error está en que estos “murgueros” no han formado parte del Carnaval desde pequeños. Cuando tu familia te inculca el valor que tiene una formación y te introduce desde edades muy tempranas en una murga infantil, conoces la verdadera esencia del murguero, y en gran parte, del Carnaval. Entiendes que no todo vale por un premio, que a veces, el compañerismo y el carácter familiar de una formación son irremplazables y que, por mucho tiempo que pases sin estar en el podio, como en casa no se está en ningún lado.

Muchos pensarán que lo que digo carece de importancia, pero si nos paramos fríamente a pensarlo, los “trotamurgas” en ocasiones destruyen formaciones y las dividen, consiguiendo incluso manchar un nombre labrado tras muchos años. Yo lo tengo claro, si pudiera volver atrás no cambiaba 12 años de felicidad por un solo premio y ahora, aunque forme parte de una de las agrupaciones musicales más laureadas en los últimos años, si dentro de un tiempo no entran más premios al local, seguiré intentando que vuelva a lo más alto, porque el mayor premio que se puede tener es el cariño, el compañerismo y la familia.

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Sección dedicada al análisis y a la investigación del Carnaval de Canarias.
Autor: Nicolás De La Barreda.

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