Infantiles Murgas

Un canto murguero para combatir el bullying

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3 mayo, 2020

Erase una vez, una niña con voz templada, de las que hablan con las manos para enseñarle al mundo el significado de las palabras, con un ritmo en las muñecas que hacían tamborilear los lápices y ceras de colores que sus dedos escogían para pintarse la cara con el sonido de las calles, y el toque mágico, un pito que colgaba en su cuello para acompañar a las palabras del compás de aquel extraño instrumento. Con esas palabras conseguía hacer mil virguerías, como en una guerra de bolas de arena en la playa las iba lanzando al pecho, a la espalda, al costado, a la cabeza… No hacían daño, tan solo provocaban un dolor leve del que nacía la risa. Era murguera, y aún no lo sabía.

De repente, un día, se quedó sin voz. Buscando sus padres los trajes coloreados, la purpurina y llevándola a tomar un helado no conseguían rescatar aquel ingenio que impregnaba su temprano talento. Parecía que el silencio hubiera encontrado cobijo en su corazón. Abandonó su pito rojo de cuerda azul, ya no le servía, para qué, pensaba, y lo tiró al fondo de un cajón donde lo encerró hasta que su memoria lo borrara. Deshizo las pelucas, los disfraces, tiró el maquillaje y dejó las hojas en blanco. Enmudeció. En su cuarto, hervidero de los aplausos de los peluches, dejó de dar conciertos y las sábanas ocultaron su pequeño cuerpo.

¿Por qué estaba triste la niña murguera? El viento le contó a su familia, apostado en la ventana, que en el patio de aquel colegio algo estaba empezando a ir mal. De repente, las risas se tornaron en burlas, las alegrías en envidias y así, poco a poco, empezaron a quitarle los pétalos a una flor naciente los compañeros que se convertían en sombras.

Entonces, una tarde de primavera, en esta misma donde contemplamos cómo el planeta se para un ratito a tomar el café y a pensar en los carnavales del año que viene, vinieron los padres de la niña murguera a sentarse con ella en la cama. «Mira, tenemos algo para ti, verás qué bonito», le dijeron mientras portaban en su mano un portátil. Ella se quedó bajo la almohada, «¡que me dejen, no quiero ver nada!». Pero la música, que es muy traviesa, le hizo cosquillas en la barriga y la sacó para ver a través de una pantalla que otras niñas le cantaban algo muy especial. La niña murguera, que no podía decir ni una palabra, saltó corriendo, fue, se agitó, ¿dónde estaba, dónde? «¡Ah, mamá, papá, aquí!», ahí, entre el polvo, relució su pito. Una sonrisa iluminó la habitación, la casa y hasta las estrellas pudieron admirarla.

Este fue el regalo que le hicieron para que volviera a cantar y a ser luz, porque allá donde el bullying acose y menosprecie a cualquier persona, estará el Carnaval para enfrentarlo y decir «no». Estará para dar voz a quien la necesite.



El día 2 de mayo se celebró el Día Mundial contra el Acoso Escolar o Bullying, una situación que afecta a 1 de cada 4 menores según el informe Percepciones y vivencias del acoso escolar y el ciberacoso entre la población española de 10 a 17 años de la organización Save the Children. Por ello, desde El Carnal agradecemos la implicación de las murgas infantiles Los Mamelucos, Los Rebobinados y Los Sofocados y de sus integrantes para dar apoyo a quienes estén pasando por esta situación y denunciando a los que estén perpetuándola. Solo con entendimiento, empatía y solidaridad lograremos que se erradique esta lacra social y, por fin, respetemos al prójimo.

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Sección dedicada al análisis y a la investigación del Carnaval de Canarias.
Autor: Nicolás De La Barreda.

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